El Espanyol está en los octavos de final de la Copa del Rey. Le tocó sufrir. Más de lo previsto. Fue gracias a un gran David Gil y a una seria y eficiente defensa del Cádiz. El conjunto catalán dominó en la misma medida que padeció por lo ajustado del marcador.

Los dos técnicos apostaron por renovar sus onces y dar minutos a los teóricos suplentes de la competición doméstica. Era momento de reivindicarse, el que quedara eliminado en la Copa no tendría muchas más oportunidades como ésta. Los del Cádiz querían demostrar que tienen sitio en el reñido equipo de Cervera, que enlaza siete triunfos sumando el de la ida de la Copa, y los del Espanyol, que pueden sumar talento a un bloque que tras un arranque histórico encadena tres derrotas y al que le urge una reacción.

Los periquitos salieron como un torbellino. Mandaban en el balón y en el juego. Eran conscientes de la presión del partido tras la derrota en la ida, y de las tres derrotas en LaLiga, que hacen tambalear su estabilidad anímica. Sergi Darder lanzó un potente disparo lejano, en el minuto cinco, que rozó el palo. El Cádiz ya estaba avisado. El conjunto andaluz repelía las acometidas. El cuadro catalán se imponía, pero hay que destacar que su presión era más constante y decidida que peligrosa y feroz.

El Cádiz fue ganando metros a medida que pasaban los minutos. Carrillo y Perea, al que Mario Hermoso sacó un balón que mandó con gran intención de paseo por delante de la portería, entraban en juego e hicieron intervenir a la zaga blanquiazul. ¡Ya no sólo era protagonista la defensa amarilla! Los dos bloques se tuteaban y eso adormeció el choque, que no despertó hasta los minutos finales de la primera mitad. El Espanyol dispuso de una cuádruple ocasión: dos de Piatti, una de Puado y otra de Baptistao. Entre David Gil, Mauro y Matos abortaron la amenazadora jugada.

Festival defensivo

En la reanudación, el Espanyol siguió gobernando. En apenas cinco minutos, Baptistao tuvo un par de ocasiones claras, que toparon con David Gil y con Kecojevic. El equipo de Rubi asediaba el área del Cádiz, que se defendía con serenidad, criterio y posición. Todo el grupo catalán jugaba en el área del conjunto amarillo, que perdió a Barco por lesión y que apenas estuvo siete minutos sobre el césped.

Una y otra vez, los blanquiazules rondaban desafiantes a David Gil. Rubi dio entrada a su goleador, a Borja Iglesias. Se encomendó al Panda para romper el partido. Pero sería otro de los cambios el que movió el difícil marcador: Hernán Pérez superó, al fin, a David Gil con una gran definición en un disparo con la derecha tras una asistencia de Pedrosa. El joven lateral izquierdo fue una de las grandes sorpresas de la noche. El cuadro periquito siguió su asedio, pero no tuvo más premio. De hecho, sufrió. Pero está en octavos.